Unidad y visión: el momento decisivo para la educación privada en Costa Rica

La autonomía y la libertad de enseñanza no son únicamente principios jurídicos, sino pilares que sostienen la diversidad y la vitalidad de la educación costarricense. En el contexto actual, en el que se discute la actualización del marco regulatorio para los centros educativos privados, se abre una oportunidad valiosa para reflexionar sobre cómo construir un reglamento moderno, respetuoso de la Constitución y alineado con las necesidades reales de nuestras comunidades educativas.

Resulta útil traer a la memoria experiencias nacionales que demostraron que una coordinación sólida entre el Estado y el sector educativo puede generar avances significativos. Un ejemplo histórico es la creación del Consejo Nacional de Enseñanza Superior Universitaria Privada (CONESUP), establecido por la Ley N.° 6693 en 1981. Ese modelo permitió articular a las universidades privadas bajo un espacio formal, serio y permanente de diálogo con el Estado.

Lo más relevante de aquella experiencia es que dejó claro que cuando existen canales de conversación estables, la regulación puede modernizarse sin sacrificar la autonomía institucional ni la libertad académica. Ese logro no fue automático: requirió organización interna, visión compartida y un compromiso real por parte del sector privado universitario.

Lastimosamente, en la educación básica y diversificada no hemos contado con esa misma articulación. Durante años, el sector privado no ha logrado presentarse unido ni con una voz común ante el Estado. Pero incluso esa carencia se convierte hoy en un recordatorio poderoso: si logramos organizarnos, dialogar y construir posiciones conjuntas, podremos aspirar a una relación más equilibrada con el Estado, una relación que permita seguir elevando la calidad y la excelencia educativa que ya ofrecemos.

El ministro Leonardo Sánchez ha expresado su apertura a considerar los aportes técnicos del sector. Ese es un paso positivo, pero debe ir acompañado de continuidad, voluntad y espacios reales de trabajo colaborativo. Para que esas mesas rindan frutos, es indispensable que también nosotros asumamos nuestra responsabilidad de avanzar unidos. Cada aporte suma. Cada institución que se involucra fortalece la posición de todo el sector. Los silencios también pesan: no participar significa dejar que otros decidan por nosotros.

Costa Rica vive un momento histórico en materia educativa. Así como en 1981 se comprendió la importancia de un espacio formal de articulación para la educación superior privada, hoy la educación básica y diversificada enfrenta su propio desafío: consolidar un marco moderno que proteja la libertad de enseñanza y, al mismo tiempo, fortalezca el derecho a una educación de calidad.

No dejemos que el ritmo del día a día opaque esta oportunidad. El futuro educativo del país se construye con visión, con diálogo y, sobre todo, con unidad. La excelencia que ya ofrecemos se sostiene mejor cuando caminamos juntos. Y este es, precisamente, el tiempo para hacerlo.

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