Cuando participar también es una responsabilidad

La renovación democrática que vive Costa Rica cada cuatro años es una oportunidad valiosa para quienes formamos parte de la educación privada. Aunque estos cambios no supongan necesariamente una transformación directa en la manera en que gestionamos o convivimos dentro de nuestros centros educativos, sí invitan a detenernos, reflexionar y volver a mirar con sentido profundo el papel que ocupamos dentro de la sociedad costarricense.

En este contexto, es importante que como sector despertemos y comprendamos la relevancia del momento que vivimos. El reglamento en proceso acompañará el rumbo de la educación privada durante muchos años y somos precisamente quienes formamos parte de este sector quienes conviviremos diariamente con sus alcances y aplicación. Por eso, no resulta sano ni conveniente permanecer ajenos a un proceso cuyo impacto será tan cercano y significativo para nuestros centros educativos, estudiantes, familias y comunidades educativas que han depositado su confianza en nosotros. Acercarnos al MEP, al señor ministro y a la Dirección de Educación Privada, expresar nuestro sentir y solicitar espacios de diálogo y trabajo es también una forma responsable de participar en la construcción del camino educativo que queremos para el país.

Porque al final, un reglamento llamado a orientar el rumbo de la educación privada durante las próximas décadas merece nacer desde la participación, el diálogo y la construcción conjunta. No resulta razonable ni acorde con el espíritu democrático que un sector llamado a vivir, aplicar y sostener diariamente ese marco normativo desconozca su contenido hasta el momento de su firma e implementación. Hoy existen los mecanismos, el tiempo y las posibilidades para hacer las cosas bien, acercando al MEP y a la educación privada en una conversación seria, abierta y constructiva. Aprovechar esa oportunidad también sería una forma de fortalecer la confianza, la institucionalidad y el compromiso compartido con la educación de nuestros niños y jóvenes.

Los espacios para construir en conjunto existen hoy. Aprovecharlos con seriedad, apertura y sentido de responsabilidad puede marcar una diferencia profunda en el rumbo educativo que acompañará a las próximas generaciones..

Porque al final, educar también significa participar.

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