Autonomía, confianza y el verdadero camino para educar

La semana pasada vimos dos noticias que, aunque distintas, reflejan una misma tendencia preocupante en la forma en que se está abordando la educación en nuestro país.

Por un lado, se informó sobre la intención del MEP de instalar cámaras para controlar la violencia en centros educativos. Por otro, esta semana se anuncia que el Colegio de Licenciados y Profesores (Colypro) presentará más de 1.200 denuncias penales contra docentes que ejercen sin estar colegiados.

Más allá de los detalles técnicos o legales de cada caso, ambos ejemplos nos invitan a reflexionar sobre el enfoque que se está tomando hacia la educación: un enfoque cada vez más centrado en el control, la sanción y la burocracia, en lugar de la confianza, el apoyo y el fortalecimiento de la comunidad educativa.

Resulta difícil no preguntarse qué mensaje se está enviando cuando vemos instituciones educativas o gremiales dedicando enormes esfuerzos a vigilar, sancionar o judicializar a docentes, personas que, en la gran mayoría de los casos, han decidido dedicar su vida a formar a las nuevas generaciones.

Imaginar a más de mil docentes enfrentando procesos penales por asuntos administrativos o gremiales nos debería hacer reflexionar como sociedad. No estamos hablando de delincuentes. Estamos hablando de educadores.

La educación no puede construirse desde el miedo ni desde la persecución institucional.

Los sistemas educativos más exitosos del mundo se basan en confianza profesional, autonomía pedagógica y comunidades educativas fuertes. Cuando la educación se llena de controles, formularios, amenazas legales y estructuras cada vez más pesadas, inevitablemente se pierde lo esencial: el vínculo humano entre el docente y el estudiante.

Por eso, desde la educación privada debemos recordar siempre la importancia de nuestra autonomía institucional y pedagógica, reconocida por nuestra Constitución y reiterada en múltiples ocasiones por las propias autoridades del sistema educativo.

Esa autonomía no es un privilegio.

Es una responsabilidad.

Es la responsabilidad de demostrar que existen otras formas de educar: formas basadas en la confianza, la libertad intelectual, el respeto al docente y el acompañamiento a las familias.

Nuestro deber es seguir construyendo espacios educativos donde los docentes puedan enseñar con libertad, donde los estudiantes puedan crecer con curiosidad y donde las familias encuentren una comunidad.

Porque al final, la educación no se construye con cámaras, denuncias ni amenazas.

Se construye con algo mucho más simple y mucho más poderoso.

Dele a un profesor un libro, libertad y un buen árbol bajo el cual pensar… y tendrá grandes estudiantes.

Dele reglas diseñadas por abogados y administradores, desconectadas de la realidad del aula… y tendrá una educación que poco a poco se va quedando en el olvido.

Nuestra tarea es mantener viva esa luz.

Y ojalá algún día, tanto el gobierno como las instituciones que hoy miran la educación desde el control, puedan también aprender de los espacios donde la educación todavía se construye desde la confianza y la libertad.

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